domingo, 27 de diciembre de 2009

MIEDO A HABLAR EN PUBLICO

"Voz entrecortada, movimientos torpes, perdida del hilo argumental. Mucha gente confiesa el panico a colocarse ante un auditorio. Alla van algunas pautas para intentar superarlo"


(Artículo de Gaspar Hernández -Suplemento dominical de EL PAIS)


(sic)El humorista norteamericano Jerry Seinfeld hizo referencia, en un célebre monólogo, al hecho de que, según los estudios, el mayor temor de las personas es hablar en público, después viene el temor a la muerte. "¡La muerte está en segundo lugar!", exclamo Seinfeld. ·Esto significa para el ciudadano corriente que si tienes que asistir a un funeral, te sientes mas cómodo estando en el ataud que teniendo que hablar elogiosamente en público sobre el fallecido". Seinfeld quizá se pasó con la exageración, pero su monólogo viene a demostrar que el miedo a hablar en público es universal. Y no solo hay mucha gente que pasa un mal rato (sudores, nerviosismo) sino que se suspenden muchas asignaturas y se piuerden muchas posibilidades de empleo por no saber hablar en público. O mejor dicho, por creer que no sabemos hablar en público.


Mas de una cuarta parte de la población tiene miedo a hablar en público. Este miedo no está necesariamente relacionado con la timidez; muchas personas que no son tímidas sufren verdadero pánico a hablar en público. El doctor Marin M. Antony afirma que hay casos que son claramente de "ansiedad social". Según cuenta en su libro Como superar la timidez y el miedo a hablar en público (Amat) la angustia social no tiene porque ser siempre un problema; está bien que nos preocupemos de lo que los demás piensen de nosotros; si nos fuera totalmente indiferente, llegaríamos tarde a las reuniones o iríamos mal vestidos. "La ansiedad social", afirma M. Anthony "en pequeñas dosis puuede ser beneficiosa". Pero cuando esa misma ansiedad nos impide realizar según que tareas y alcanzar objetivos importantes en nuestra vida, lo mejor es que acudamos al especialista.


No obstante, sin llegar a los extremos, incluso las personas acostumbradas a hablar en público sienten el llamado "pánico escénico" antes de subir al escenario o hablar delante de un auditorio, en un mitin o en un juicio. Ese cosquilleo no tiene porque ser malo ya que nos activa y nos hace dar lo mejor de nosotros. El problema surge cuando el pánico escénico nos invade, nos colapsa y nos bloquea una semana antes de la charla o durante la misma conferencia. De entrada, un consuelo para los que les cueste hablar en público: fijense en muchos de los políticos que salen por la tele. Fijense en como leen en muchas ocasiones, en su mirada pegada al papel, en lugar de prestar atención a los ojos de los periodistas o al auditorio. A veces la solemnidad del acto lo requiere, o el deseo de ser precisos, pero los asesores de imagen saben perfectamente que en muchos casos se trata simple y llanamente de miedo a hablar en público. Se agarran al papel porque es el unico pilar sólido en que sustentarse mientras la multitud les mira, y temen no se sabe exactamente qué, pues teoricamente están acostumbrados a hablar en público, y va en el sueldo.

El psicologo y comunicador Xavier Guix cuenta en su libro Mientras me miran (Granica) que el mayor obstáculo de hablar en público no es otro que la imagen idealizada de como tendríamos que ser delante de los demás, esa sensación de tener que quedar bien, de no hacer el ridículo ante nuestros congéneres, y creer que tenemos que demostrar lo que sabemos con la capacidad suficiente para estar ahí delante sin equivocarse y mantener el tipo a pesar de las críticas, juicios y comparaciones de que vamos a ser objeto. "Parece mentira", escribe Guix, " que hablarles a los demas se asemeje a un pelotón de fusilamiento o, en el mejor de los casos, a un strip-tease intelectual". Una de las causas de este miedo irracional es pensar que los otros nos están juzgando todo el rato, cuando en realidad no es así, si el contenido de lo que decimos es interesante, se fijarán mas en lo que decimos que en cómo lo decimos. Según Guix, acaba siendo de "una gran arrogancia considerar que la gente va a estar tan pendiente de usted". Pero Guix sabe perfectamente que el tono y la comunicación no verbal son importantísimos, tiene que haber coherencia entre lo que decimos y como lo decimos; si hablamos de paz y tranquilidad a gritos, no transmitiremos credibilidad. Y es evidente que un conferenciante con una buena comunicación no verbal tiene bastante terreno ganado, aunque en nuestra sociedad hay muchos buenos comunicadores que no tienen nada que comunicar.
Lo ideal sería estar concentrados en los contenidos, y, en segundo o tercer lugar, en como los están recibiendo nuestros espectadores (para matizar o variar el discurso si observamos algún bostezo). Lo peor sería centrarnos en nosotros mismos. Si nos obsesionamos con el movimiento de nuestras manos o con nuestro tono de voz, la charla, sin duda, saldrá mal. Si nos preocupamos por dar lo mejor de nosotros a través de un discurso inteligente y claro, llegarán los aplausos.
Como dice el tópico, hay fente que habla mucho y no dice nada, y gente que no dice nada pero habla mucho. Según Xavier Guix, ese "tener algo que decir" significa hablar desde la experiencia. Significa haber sacado nuestras propias conclusiones: "Haber encontrado algo que me pertenece por derecho propio, ya que para ello he destinado un tiempo de elaboración y experimentación". El público atenderá embobado la exposición de una persona que, sin demasiada actitud escénica, tenga cosas muy interesantes que contar, sobre todo de su propia experiencia. Aunque hay muchas personas que que tienen prejuicios a la hora de hacerlo: argumentan que no quieren destacarse o pasar por egocéntricos y, ademas, ¿que les importa a los demás su experiencia?. Ahí está el error. Si hablamos de lo que sabemos, de lo que hemos interiorizado y, por tanto ya forma parte de nosotros -como si dijéramos, de nuestra esencia-, la charla en público tiene muchas posibilidades de ser un éxito, aunque de vez en cuando nos ruboricemos. Precisamente lo que algunos expertos consideran defectos o errores puede hacernos espertar mas simpatias de las que pensamos.
¿Cómo decir lo que tenemos que decir?. Aristóteles afirmaba : "Piensa como lo hacen los sabios, pero habla como lo hace la gente corriente". Los sofistas fueron los primeros que en la Grecia clásica crearon el arte de hablar en público. El discurso ideal -según los clásicos- empezaría intentando captar la atención del auditorio, exponiendo los argumentos y la tesis, y, al finalintentando llegar al corazón del público. El discurso ideal, según el experto en comunicación interpersonal Ferrán Ramón-Cortés, es aquel que no quiere convencer al oyente. Si como oradores mostramos nuestro entusiasmo, contagiaremos ese entusiasmo, pero no tendremos que convencer al otro de nada.
El discurso ideal sería aquel no leído. Cuando leemos, el público desconecta facilmente. Para Guix, lo importante es la idea central, y entender que, hablemos cinco minutos o dos horas, no hacemos mas que darle vueltas a una idea principal. Hay algo que informar, algo que vender, y eso se basa en una idea como central y no en mil ideas. "Uno de los errores frecuentes de hablar en público es pretender transmitir muchas ideas importantes y hacerlo a través de múltipls conceptos", dice Guix, quien nos invita a pensar en las conferencias a las que hemos asistido. ¿Cuántos conceptos somos capaces de recordar al día siguiente?, ¿Con cuantas ideas nos hemos quedado realmente?.Una vez que tenemos claro el duscurso y la forma de expresarlo con nuestras palabras, el sentido escénico nos será de gran ayuda para lograr que el mensaje llegue al espectador. Los movimientos tendrían que tener un sentido: me muevo para ir al ordenador, para aproximarme a la primera fila, para beber un poco de agua. La mayoría de los expertos recomiendan estar de pie y sin atriles u otros refugios. Inspiramos mas credibilidad si nos colocamos delante del público sin ninguna protección: todas las barreras -mesas incluidas- que impidasn nuestra máxima expresividad nos están limitando. Y la voz crea intimidad, transmite seguridad. Si quiere hablar bien en público, concéntrese en el discurso, en la voz, y mire a la concurrencia: míreles a los ojos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario